Paz, moda y cerveza: una experiencia comunitária transformadora en Icononzo, Tolima.


Parecía que nunca íbamos a llegar. Era un caminito destapado pero en buenas condiciones, rodeado de fincas y de un paisaje verdaderamente bucólico. Las montañas iluminadas por el sol hacían del verde aún más verde. El paisaje alrededor de nuestro carro era de completa paz y abundancia, lo que nos hacía por veces no querer llegar, al mismo tiempo que la ansiedad por conocer el ETCR Antonio Nariño aumentaba.

Después de un buen camino, por ahí unos 50 minutos desde Icononzo, avistamos una placa de bienvenida que decía “territorio de paz Antonio Nariño, desde donde estamos construyendo la nueva Colombia”. Empezamos bien, dije yo.


A los que no están familiarizados con el glosario de la paz, les explico: ETCR es el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación. Luego del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las ex Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) fueron definidos 18 espacios territoriales donde los ex combatientes que dejaron las armas pudieran empezar una nueva vida y desarrollar distintos proyectos productivos. En 17 de los 18 ETCRs hay iniciativas independientes de turismo. ¿Y cuál es la misión de Migohood allá? conocer las iniciativas y capacitar a los líderes en turismo responsable y negocios, con el enfoque adecuado al tipo de turismo que queremos llevar a estas zonas. Nuestra hipótesis: el turismo es una herramienta para fortalecer la paz en Colombia, sobretodo, en el campo. Esto dicho, siéntate que ahí se viene la historia!

Al entrar al ETCR Antonio Nariño pasamos por su hostal y por varios murales con frases de impacto recordándonos de quienes son los que hoy viven allí. Luego de llegar, estirar las piernas y observar el hermoso paisaje del balcón del Tolima, esperamos a líder de turismo, Jesús David. Mientras él subía a nuestro encuentro, nos dimos cuenta del grande espacio que había en este ETCR, comparado con los otros que habíamos visitado. Las casas ubicadas a buena distancia una de la otra, gente trabajando, niños jugando... el entorno inspiraba paz. Cada uno viviendo su vida con normalidad, trabajando por su comunidad y de cierta forma, haciéndolo desde su ideología del bienestar colectivo. El pasado claramente quedó atrás, frente a nuestros ojos solo vemos enormes oportunidades.

Luego, llegó Jesús David y nos sentamos en una mesa para entrevistarlo y conocer más profundamente la situación del proyecto de turismo y del ETCR en general. En nuestra conversación medio informal, ya teníamos nuestras preguntas clave preparadas. La naturalidad de Jesús al responder nos fue aclarando la realidad en que viven hoy y lo mucho que trabajan. Hablamos de presente y futuro, mucho futuro. El intercambio fue fantástico, las distintas miradas suman perspectivas complementarias que ayudan a construir futuro a partir de una pedagogía de paz.

Diferente a lo relatado por compañeros y amigos en los últimos años, esta vez no identificamos presencia de ninguna entidad en la zona, ni Naciones Unidas, ni ARL, ni ejército, ni nada. Si uno no sabe, podría ser cualquier zona veredal en el Tolima. La normalidad de la vida en el campo es el escenario del turismo que se hace allá. El contenido si es otro; es la paz y la memoria histórica.


Luego de nuestra charla con Jesús David salimos a hacer el recorrido a pie. Muchos murales que cuentan historias, hechos por estudiantes o artistas independientes que por allá pasaron y quisieron dejar un importante regalo. Jesús empieza contando sobre el terreno, que todavía está arrendado por el Estado Colombiano para que ellos puedan vivir allá, lo que genera incertidumbre porque esta tierra tiene otro dueño. Nos cuenta como hicieron para conseguir instalación de una torre de comunicación, luz, tratamiento de residuos sólidos… todo lo que se necesita para una vida digna en comunidad. Jesús aclara todas nuestras dudas sin titubear, nos va contando más sobre las asociaciones, los proyectos productivos, la biblioteca, el jardín de los niños, donde las madres se organizaron para poder descansar y trabajar dejando a sus niños bien cuidados dentro de la comunidad. Luego, ya en confianza, en un momento donde estábamos acalorados por el fuerte sol, nos acercamos a una grama en un punto con una linda vista, Jesús empieza a contarnos un poco de su historia personal y como era la vida guerrillera. Cómo se organizaban, como eran castigados por errores de comportamiento o conducta, qué comían, cómo cocinaban, cual era el reglamento a seguir… Momentos únicos de compartir historias delicadas y dolidas, pero con un qué especial: la seguridad de que hoy si se puede hablar. En este exacto momento me di cuenta qué es la democracia y qué significa la libertad de pensamiento. ¡Qué momento!

Después de recorrer el ETCR, ver algunos de sus proyectos y hablar con la gente que pasaba, subimos a almorzar y a conocer el hostal que ellos mismos construyeron para hospedar a los visitantes. 17 cuartos pequeños pero suficientemente grandes para pasar un par de noches. El cielo lleno de estrellas y la vista del balcón del Tolima no se la pueden perder.

Después del almuerzo nos sentamos en un circulo con los líderes de otros proyectos productivos, Gonzalo del textil y John Jairo, que había sido líder general del ETCR. John Jairo fue de los primeros en llegar a la zona donde hoy es el ETCR, nos contó que ellos construyeron la zona solitos, con materiales que trajeron al hombro. En su pasado de lucha armada que duró 20 años John Jairo era Diego Suárez, parte de la guardia personal del secretario Carlos Antonio Lozada, lo que llamaban la ‘Compañía Móvil de José María Carbonell’.


Al lado de John Jairo, Gonzalo y Jesús, finalmente probamos la famosa cerveza La Roja, producida allá en la comunidad. La Roja es uno de los proyectos más exitosos de los ex guerrilleros en todo país, así como la cooperativa textil Manifiesta, también de ellos! A través de sus productos artesanales vendidos por e-commerce su mensaje de paz y transformación llega a todo el país, y fue impactante ver como se convirtieron en expertos en todo lo que hacen. En esa rueda de conversación hablamos y escuchamos, compartimos nuestro conocimiento en negocios y en turismo siempre buscando entender la esencia de ellos y del lugar. El proceso de co-crear nos transforma a cada visita.

Para terminar nuestra jornada en tierras de paz, fuimos invitados a participar de una clase de baile en la casa de la cultura. Janeth es la lideresa del proyecto cultural en el ETCR, llevando a los niños y niñas momentos de escape, expresión y aprendizaje. Entramos a la casa de la cultura al sonido de La Rebelión. Fuerte, impactante, alegre. Estaban ensayando para una presentación en un evento comunitario. Son alrededor de 12 adolescentes que participan de la clase, todos metidos en el cuento teatral, unos representando a los españoles (que pegaban a la negra) y otros representando a los criollos, que no reaccionaban en represalia, sino incluían a los españoles en su gran baile. ¡Qué bello! Al final del ensayo, Estebán, fotógrafo y amigo que nos acompañó durante la jornada, sacó una serie de fotos individuales de los alumnos en sus trajes típicos para darles un recuerdo especial. El resultado fue impresionante, fotos profesionales de los jóvenes artistas de Antonio Nariño.


La experiencia comunitaria en el ETCR Antonio Nariño fue única, real y auténtica. Nos deja la lección de que realmente podemos aportar para la construcción de esta nueva Colombia, más empática, más consciente y más humana. De ahora en adelante vamos a trabajar de la mano con los líderes para mejorar cada detalle y unir las actividades productivas al producto turístico pensado para un visitante que busca conocer la realidad y respirar un aire limpio relleno de paz y reconciliación.

Para terminar les dejo una pequeña invitación a olvidar sus miedos:

Olvida el miedo. Las cosas no son así tan peligrosas como te dicen, ven a ver con tus propios ojos. Olvida el pasado, no podrás cambiar nada de ello y por otro lado tienes hojas en blanco para escribir con amor. Olvida el rencor, yo sé que el dolor no se sana así de fácil, pero intenta sentirlo... siéntelo y luego suéltalo, déjalo ir. El presente es lo único que tenemos. Ten coraje de ver, de compartir y de perdonar. Olvida el miedo.


El turismo está transformando historias y narrando nuevos cuentos de esperanza y perdón. El lado humano va ganando, vamos ganando!

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